miércoles 8 de junio de 2011

UN SUEÑO

El sueño es como un segundo apartamento que tuviéramos
y al que fuéramos a dormir, abandonando el nuestro.

Marcel Proust.

Con cierta frecuencia –aunque mucho menos de lo que quisiera– tengo la suerte de soñar con mis abuelos. Me agarran de la mano y me arrastran sueño adentro. Parece ser que a mi hermano Juan y a mi padre les ocurre lo mismo, y no sería nada extraño que cualquier noche coincidiéramos los tres en un sueño.
En general, me resulta desagradable que se incorporen sueños en las películas o en las novelas; es un recurso tópico, muy difícil de utilizar bien, la mayoría de las veces prescindible. Pero esto que pergeño es un artículo, y además sobre algo que me ha pasado realmente, aquí no cabe ningún tipo de inventiva, engraso bien sus ruedecillas para alejarlo de la ficción.
En el sueño de hace unos días me encontraba en mi casa del pueblo, como tantas otras veces en que me hundo en las aguas abisales de Morfeo. (Es curioso, si me sumerjo en ellas desde mi cama de Madrid es frecuente que tarde o temprano, a través de un viaje onírico, acabe apareciendo en Navas –o Admorum, como la denomino en otros textos–, pero nunca sucede al revés.) Recostado en una hamaca del patio, debajo del naranjo cuya sombra a duras penas conseguía mitigar el calor, disfrutaba de una novela de Dickens, “La tienda de antigüedades”, la misma que ahora leo. Una estampa cotidiana que le imprime veracidad al asunto, algo de consistencia a ese material tan frágil del que están fabricados los sueños. Al punto, y como accionado por un resorte, salí a la calle, barnizada por la rabiosa luz del verano, y encaminé mis pasos calle abajo, en dirección a la Avenida. Supongo que iría a tomar un café con los amigos, a solazarme con ese tipo de charla ligera y ruidosa que traen consigo las vacaciones, a encadenar una carcajada con otra en un festivo pero sosegado concierto. El caso es que al llegar a la Avenida, punteada por aquella hilera central de árboles que en la vigilia no existe, un señor sentado en un banco me sonrió desde lejos.
Era mi abuelo Esteban.
–¿Qué haces ahí? –le pregunté.
–Esperándote. Hace mucho que no nos vemos –me dijo con esa voz suya, tan grave, capaz de apaciguar cualquier tormenta–. Estás muy cambiado, aunque tus ojos negros conservan la misma viveza de cuando eras niño.
–Tú sin embargo estás como siempre.
–Aquí es fácil mantenerse igual.
El sol se consumía en llamas. Mi abuelo, a pesar de llevar traje y corbata, la misma y elegante vestimenta que lució siempre en vida, no daba muestras de padecer calor alguno. Tenía buen aspecto. Un destello de luz salpicaba sus ojos y el nimbo de una dulce sonrisa embellecía su rostro.
–Menos mal que ya estáis aquí todos –dijo.
Yo no entendía a qué se refería y, para evitar que un incómodo silencio se estableciese entre nosotros, le pregunté por mi abuela.
–Me ha pedido que te diga que reces por las noches.
Sus palabras quedaron amortiguadas por un repique de campanas y el traquido de los cohetes. Una bandada de pájaros rasgó el cielo. Una nubecilla, atrapada entre los hierros de una antena oxidada, cayó hacia nosotros en forma de alegres serpentinas blancas.
–¡Hoy es San Juan! Tienes que ir a prepararte.


Junio, 2011.
Madrid
.


Revista de Feria y Fiestas de San Juan Bautista. Editado por el ayuntamiento de Navas de San Juan (Jaén).

14 comentarios:

RubénSánchez dijo...

Me caes mal, chaval: cada vez escribes mejor. Un par de textos más y te dejaré de hablar.

Loren dijo...

¡Eres un exagerado!

Un abrazo.

Jesús V.S. dijo...

Lo peor de todo (o lo mejor) es que Rubén tiene razón.

=)

Un fortísimo abrazo.

Loren dijo...

Gracias, Chechu.

Un fuerte abrazo.

d.2 dijo...

Lorenzo me ha encantado...

Cuando lo leía me imaginaba que yo también estaba en el sueño, sabes??? subía a casa de mi abuela, era verano y sonaba la campanilla que tenia mi abuela en la puerta yo desde la cocinilla decía ¿quién es? y me respondian... soy el tio Esteban, por los portales se escuchaba el sonido de su bastón a cada uno de sus pasos y al llegar a la cocinilla abrazaba a mi abuela entre sus brazos y le decía, nada que subia al ambulatorio y he llegado a verte... parece que los estoy viendo, qué felicidad por Dios!!!

Por cierto a mi cada vez me caes mejor por estas cosas que escribes...

Le he leido el escrito a mi hermana y sabes lo que dice, que seguro que te fuiste después con tu abuelo a lo de paterna a comprarte dos granizadas por veinte duros (porque si te comprabas una de veinte duros era menos cantidad que dos de diez duros... jaja... )Qué barbaridad!!! Dice que se va a beber una granizada del mercadona a tu salud, que están igualicas que las de paterna y la cajera es más simpática.

Loren dijo...

Muchas gracias, Victoria.

Eso que te cuenta tu hermana de la granizada de limón es estrictamente cierto, pero la práctica de pedir dos de diez duros en vez de una de veinte la iniciamos en La Marinera. Éramos uno niños muy bordoneros, qué le vamos a hacer, jajaja Y de Paterna tenemos anécdotas memorables. Él servía la granizada con el puro en la boca y a veces caía algo de ceniza al vaso. Era entrañable.

Abrazos a las dos.

Anónimo dijo...

Es un texto muy Navero, en todos sitios se sabe lo que es un repique de campanas un cohete, es lo mismo en Navas de San Juan que en Madrid,je je. Pero tú al igual que yo sabes al significado que lo llevamos.
Como no decirte que es muy emotivo el texto y muy cierto porque con mucha frecuencia comentas estos sueños.No hace falta leerlo para que nuestro pueblo recuerde al señor Esteban Rodríguez Navas, pero si voveremos a darle un empujocillo a nuestro recuerdo con este ¿maravilloso texto.
¡ VIVA SAN JUAN BAUTISTA!
1saludo. Joaquín A Ruiz Valcárcel.

Loren dijo...

Muchas gracias, Joaquín.

¡¡¡Viva!!!

Abrazos sanjuaneros.

Francisca Amador dijo...

Francisca Amador

Es una gozada leerte, Lorenzo.
Gracias por la autenticidad y la frescura de tus narraciones. Es un regalo. Abrazos.

Loren dijo...

Muchísimas gracias a ti, Francisca. Es un verdadero regalo saber que estás ahí, al otro lado de la pantalla. Me alegro que te haya gustado.

Un fuerte abrazo.

El lector dijo...

Es muy emotivo. ¡Cómo no podía ser de otra manera viniendo de ti!

Abrzs.

Loren dijo...

Abrazos para ti también, El lector.

Benito Olmo dijo...

Que bonita historia, escribes de maravilla. No es facil plasmar el irreal mundo de los sueños en palabras, pero tu lo has conseguido, y has llenado de sentimientos un puñado de lineas. Enhorabuena.

Loren dijo...

Pues muchas gracias por tus palabras, Benito. Reconforta saber que hay personas al otro lado de la pantalla que disfrutan con los textos de uno.