jueves 24 de febrero de 2011

EL DISCURSO DEL REY


Estos dos hombres acaban de ser presentados y, aunque aún no lo saben y ni siquiera lo intuyen, la milagrosa llamarada de la amistad surgirá entre ellos y sus hilos terminarán anudándolos. En realidad nada está oculto, todo está ahí, a la vista, como sucede en los relatos honrados, sólo hace falta tener valor para quitarse la venda y mirar, mirar de forma atenta y con denuedo, a cada instante y bajo cualquier circunstancia, aunque no nos agrade demasiado lo que veamos y nos provoque confusión o miedo. Así nada o muy pocas cosas tendrán la capacidad de pillarnos por sorpresa, con la guardia baja, y en las noches insomnes, negras como boca de lobo, ésas en las que no paramos de hablar con la almohada y de transmitirle todos nuestros sueños y preocupaciones, no podremos lamentarnos ni decirle: ¿Cómo es posible que esta persona sea así y me haya hecho esto?, porque todo está a la vista desde el principio, todo, si bien a veces no queramos o no sepamos verlo, y en numerosas ocasiones, lo cual es aún más grave, lo que vemos nos espanta pero tragamos y pasamos por alto.
Se conocen desde hace tan sólo unos pocos minutos, pero la fotografía ya alberga una delicada pista que anuncia con suficiente claridad lo que está a punto de acontecer. La amistad no tardará en hacer acto de presencia, en llamar al aldabón de la puerta, en ocupar minutos y rincones con el arrojo insaciable de un pariente gorrón. Pasados los años, les será relativamente fácil recordar el preludio, esos primeros pasos andados como amigos entre el maremágnum de recuerdos y vivencias compartidas. Sin embargo, el detonante del afecto, dardo de luz en el fondo oscuro de nuestra conciencia, es mucho más difícil de precisar, casi imposible.
Hazme caso y observa al señor de la derecha: logopeda Lionel Logue (Geoffrey Rush). ¿No percibes algo especial en su rostro avejentado, una especie de reflejo dorado que atenúa sus arrugas? A mí me parece que está observando a su incipiente amigo, el duque de York, futuro rey Jorge VI (Colin Firth), con una mezcla de ternura y satisfacción, seguramente porque a él, actor frustrado y amante de Shakespeare, le divierte poder oír el famoso monólogo de Hamlet en boca de un príncipe tartamudo.

El discurso del rey (The King´s Speech, 2010) de Tom Hopper (joven director londinense conocido sobre todo por sus solventes trabajos para el medio televisivo) cuenta una historia sencilla basada en hechos reales. Tras la muerte del rey Jorge V (Michael Gambon) ocupa el trono su primogénito Eduardo VIII (Guy Pearce), pero éste anda enredado con una divorciada norteamericana de dudosa reputación (aprendió técnicas amorosas en un burdel de Shangai, se oye en algún momento), y pronto se ve obligado a abdicar en favor de su hermano. El problema es que nuestro amigo Jorge VI no fue elegido por los dioses para brillar en el campo de la oratoria, y decide ponerse en las manos del excéntrico logopeda Lionel, que con sus métodos poco convencionales irá ganándose la confianza del monarca. La abyecta sombra del nazismo se va extendiendo implacable por toda Europa; Gran Bretaña le declara la guerra a Alemania; y el rey, a través de la radio, tiene que pronunciar su discurso de aliento a la nación…
Realizada de manera clásica, elegante (lo único que no comparto es esa utilización excesiva e innecesaria del gran angular), poblada de enormes interpretaciones (la pareja protagonista está soberbia), trufada de brillantes diálogos y numerosos toques de humor británico que recuerdan al mejor James Ivory, nos encontramos ante una preciosa y emocionante película histórica sobre el valor de la amistad. Parece mentira, pero no abundan en el séptimo arte tantas historias sobre este tema como cabría esperar (Grupo salvaje, Los amigos de Peter, Cowboy de medianoche, Cuenta conmigo, Thelma & Louise, Cinema Paradiso), quizá porque la amistad, esa clase de amor que ocupó un lugar preeminente en el mundo clásico y sobre el que pensadores como Aristóteles o Cicerón vertieron numerosas páginas, vive en esta época posmoderna, de redes sociales y nula privacidad, sus horas más bajas. Yo, por si acaso, siempre tengo muy presente aquellas palabras de C.S. Lewis: “Desde el momento en que dos hombres son amigos, en cierta medida se han separado del rebaño”. Tiene toda la razón.

Artículo publicado en la revista Baeza-Actualidad.


8 comentarios:

Leteo dijo...

Los amigos de Peter... ¡Gran película! Como ésta.

Y como el artículo.

Un abrazo, Amigo!

Anónimo dijo...

Rebeldes, Toy Story, E.T, La extraña pareja...

Anónimo dijo...

Me gusta tu artículo. Sus palabras son muy ciertas. Mis mejores deseos.

Loren dijo...

A mí me gusta mucho, sí. Gracias, Nacho. Abrazote.

También recuerdo ahora "El golpe" y "Dos hombres cabalgan juntos". Haberlas haylas...

Muy amable, anónimo.

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

¿ A qué se deberá que los que se ocupan de enseñar a pensar hoy tengan tantas dificultades para hacerlo ? Así como en los parlamentos se va a hablar y no a escuchar, en las universidades se va a escuchar pero no se para de hablar...

Loren dijo...

Navero, me alegra que te hayas pasado por aquí. Ya hablaremos.

Un abrazo.

Anónima dijo...

Vi la película el sábado noche. Es amable, la película. Como los comentarios que haces. Se trata realente una película realizada para rescatar un personaje obviado por la historia -como la figura de su hermano- precisamente por esa sombra que se cernía sobre Europa, oscura y que aún perdura. Eduardo, apartado del poder 'oficialmente' por su amor carnal por Wally Simpsom realmente sale de la corona por sus simpatías filofascistas. En cuanto al 'rey tartamudo', además de considerar positivamente a Hitler -hay un leve guiño al respecto cuando parece admirar al führer ante uno de sus discursos rodados por la Riefenstahl- era un considerable antisemita que trató de impedir -e impidió, tratando de señalar a Hitler su interés por que quedaran allí a su consideración- por todos los medios la llegada de los judíos centroeuropeos a Gran Bretaña y a Palestina. Siendo malo -el peor, no podemos olvidar que el maniqueismo es un error- no fue el único.

Las película fijan en la cabeza de la gente historias que no son verdad. Por eso hay que verlas con la atención y el conocimiento de los hechos que es necesario para o realizar construcciones interesadas. Nadie nos enseña a pensar. Es un múscula que hay que ejercitar en la soledad de la reflexión. Ver, oir, ir... en sí mismos no sirven para nada sin la reflexión posterior.

Y Grupo salvaje... no habla de la amistad, sino de la camaradería. Es una película sobre comunismo. No es lo mismo.

Un saludo. Interesante lugar.

Loren dijo...

Anónima, es verdad que Eduardo era un personaje abyecto y otras cosas que dices que no salen reflejadas en la película. También es verdad que la mayoría de las películas, por no decir todas, muestran historias que no son verdad (ni falta que hace).
Pero yo no estoy haciendo un análisis de la película, en realidad la utilizo como pretexto para hablar brevemente sobre la amistad y, ya de paso, recomendarla. Hace mucho que no veo "Grupo salvaje", una de las mejores películas que existen, y tienes razón, más que sobre la amistad es sobre la camaradería y el afecto.
Gracias por visitarme.
Un saludo.