Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo”
Vicente Aleixandre.
Desde hace cuatro o cinco días no puedo evitar que a la mínima ocasión y sin previo aviso se me dibuje en el rostro una amplia y alegre sonrisa. En los cajones del armario guardamos, junto con la ropa interior y algunos remordimientos, una variada bisutería de gestos y expresiones que nos quitamos y ponemos con suma facilidad, en función de nuestro siempre cambiante estado de ánimo. La sonrisa que ahora llevo es tan ciclópea y desmesurada (las grandes alegrías son indiscretas, dijo aquel) que casi me da vergüenza sacarla a pasear por las calles. No quiero oír cómo la gente murmura: `Ahí va una sonrisa con patas´, o lo que es peor: `Ahí va un chiflado o un cretino o un verdadero imbécil. En todo caso es un peligro público y conviene alejarse de él´. Los dramones tienen más predicamento que las comedias, y por esta razón, las personas de aire grave y mohines reconcentrados, parcas en aspavientos y demás efusividades, son mucho mejor catalogadas en nuestra relación de amigos y conocidos que los alegres o los optimistas pues confundimos sequedad y pesadumbre con inteligencia y profundidad, del mismo modo que el tibio o el necio a la fuerza deben ser excelentes personas, aunque eso ya es otra historia. Pero a lo que iba: a pesar de ser Navidad y de estar el centro de Madrid invadido por hordas de individuos que lucen pelucas rosas y gorras con astas de reno, tráfago agobiante de bolsas con regalos, me encuentro feliz.
Acabo de caer en la cuenta de que este nuevo número de Otro Lunes saldrá justo unos días antes de que lleguen los Reyes Magos, así que voy a darme prisa para recomendarte las novedades literarias más sustanciosas y quizá tengas tiempo de incluirlas en la carta y de empezar el año con buen pie, rodeado de los mejores libros.
Abro fuego con la editorial Destino, que publica en un solo y cuidado volumen todos los cuentos de Ana María Matute, recién y feliz ganadora del Premio Cervantes 2010, bajo el título La puerta de la luna. Más de 800 páginas que además incluyen fotografías y un nutrido conjunto de artículos y apuntes periodísticos cuya lectura se disfrutan como si fuesen relatos. Una delicia, uno de esos libros imprescindibles, al que volverás ilusionado una y otra vez, la mejor forma de introducirse en el imaginativo y poético territorio de esta reina de las letras.
La mujer que buceó en el corazón del mundo de la mexicana Sabina Berman, la historia de una niña autista que se convierte en una rica e importante magnate del sector atunero de la que Ana María Matute ha escrito: “Me ha robado el corazón. Rebelde, incomprendida, genial; no puedo dejar de pensar en ella. Un relato inolvidable sobre la libertad y la diferencia”.
Y la reedición de La flaqueza del Bolchevique de Lorenzo Silva (uno de los pocos novelistas que cultivan con gran acierto, inteligencia y calidad el género negro o policiaco en España), excelente novela corta que leí en 1997, cuando salió publicada tras quedar finalista del prestigioso Nadal, historia de amor amarga y divertida, magistralmente escrita y bien llevada, que aún después de tantos años ronda por las galerías de mi memoria lectora.
Otra reedición acertadísima, esta vez en el joven catálogo de Aladena: El hombre que mató a Durruti de Pedro de Paz. Ganadora del José Saramago y traducida al inglés (algo sumamente difícil para las novelas escritas en español), la historia transcurre en 1937 e indaga en las oscuras circunstancias que rodearon la muerte del histórico líder anarquista ibérico. Homenaje a las historias de Sherlock Holmes y el doctor Watson, el autor traza una historia sencilla llena de ritmo y de suspense, muy bien ambientada y con personajes verosímiles, de acertado broche final. Esta nueva edición, revisada y corregida, viene acompañada de un interesante epílogo de corte ensayístico sobre la vida de Durruti y sobre las personas que compartieron con él sus últimas horas.
Eduardo Mendoza ambienta su Riña de gatos, último y merecido Planeta, el segundo galardón literario mejor dotado del mundo después del Nobel (o eso dicen), casi en la misma época histórica, unos pocos meses antes del estallido de la contienda bélica. Anthony Whitelands es un inglés, ingenuo y algo torpe, que llega a Madrid con el encargo de tasar un cuadro de Velázquez; debido a su impericia y a su condición de extranjero (recurso utilizado en las Cartas Persas, por señalar sólo un ejemplo de los cientos que existen) se ve inmerso en no pocos entuertos de índole amorosa y política. Farsa entretenida y de prosa muy cuidada, elegante y con giros clásicos, trufada de destellos irónicos marca de la casa, Mendoza nos regala una de sus mejores novelas aunque no alcanza la altura de La ciudad de los prodigios o de La verdad sobre el caso Savolta.
Alfaguara se apunta un tanto. Uno de los narradores más imaginativos y con más fuerza de la hornada joven ha pasado a formar parte de sus filas. Me estoy refiriendo a Juan Aparicio-Belmonte (Londres, 1971), que desde su primera novela, Mala suerte, ha ido logrando una hazaña: crear una obra personal e intransferible, reconocible para el lector. Aparicio excava una y otra vez en la mina de sus obsesiones, las pasa por el tamiz de una mirada irónica y lúcida, valleinclanesca y azconiana, con dosis de mala leche, y nos las devuelve en forma de novela para el disfrute del personal. Mis seres queridos (II Premio Bubok), relata la peripecia de un chiflado que está convencido de poder hacer estallar todos los ordenadores del mundo, y confirma el talento de su autor, dejando la puerta abierta para la llegada de nuevos logros en su ascendente trayectoria.
Cartas a los Jonquières de Julio Cortázar. Conjunto de epístolas enviadas entre 1950 y 1983, desde su primer viaje a Europa hasta poco antes de su fallecimiento, a su amigo Eduardo Jonquières, poeta y pintor argentino, que conforman un minucioso fresco de la obra y vida del autor de Rayuela.
Cartas a los Jonquières de Julio Cortázar. Conjunto de epístolas enviadas entre 1950 y 1983, desde su primer viaje a Europa hasta poco antes de su fallecimiento, a su amigo Eduardo Jonquières, poeta y pintor argentino, que conforman un minucioso fresco de la obra y vida del autor de Rayuela.
Salto de página publica Mujer abrazada a un cuervo de Ismael Martínez Biurrum, novela de horror más que de terror: utiliza la peste negra para desplegar un catálogo de emociones humanas donde prevalece el miedo a la soledad, a perder a los que más queremos y a perdernos nosotros; y Aquelarre, una antología del cuento de terror español actual que incluye a autores de la talla de Pilar Pedraza, José Carlos Somoza, David Torres, David Jasso, Juan Ramón Biedma, Félix J. Palma, Santiago Eximeno, entre otros.
He leído todas las novelas de Paul Auster y rara vez me decepcionan. El irresistible encanto de sus historias y su prosa sencilla, ese desvalimiento que atenaza a todos sus personajes, consiguen que al leer las primeras líneas ya no pueda dejarlo hasta llegar al final. Sunset Park (Anagrama) es una novela hermosa y agridulce, un duelo entre un padre y un hijo y cómo nos vamos enterando de las razones de su enorme distanciamiento a través de sus voces y de las de otros seres que los rodean.
Y, para cerrar el año con buen humor, Ómnibus Jeeves. Recoge las tres primeras novelas protagonizadas por el famoso tándem formado por Bertie Wooster y Jeeves, escritas por P.G. Wodehouse, uno de los grandes humoristas del siglo XX.
Y, para cerrar el año con buen humor, Ómnibus Jeeves. Recoge las tres primeras novelas protagonizadas por el famoso tándem formado por Bertie Wooster y Jeeves, escritas por P.G. Wodehouse, uno de los grandes humoristas del siglo XX.
Temístocles Roncero.
Diciembre, 2010.
Artículo publicado en la revista Otro Lunes.
4 comentarios:
Ya va cumpliendo años Temistocles...
Por si aún sigues buscándolo: vi el otro día "Los tres mosqueteros" en dos tomos en bolsillo de alianza antigua en la librería de viejo de Sta Engracia.
Temístocles, querido Gonzalo, cualquier día pasa a mejor vida.
Saludos.
Siempre leo algunos de los libros que recomienda el entrañable Temístocles y nunca me arrepiento.
Saludos!
J.
Yo hago lo mismo, J.
Un saludo.
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