Tengo una pequeña libreta negra donde plasmo esas cosas que sirven para conocerse mejor. Un dibujo a vuelapluma, una frase espontánea, el fragmento de un diálogo, cualquier cosa puede servir. Así como un periódico se define muy bien por las noticias que elige publicar, lo mismo hacemos nosotros con las cosas que decidimos recoger en la libreta. En mi caso suelen ser detalles nimios, superfluos, pero no importa, con frecuencia éstos son los mejores, los únicos, nuestros días están plagados de ellos y no les prestamos suficiente atención, no somos capaces de descifrar la importancia que tienen en el enigma que somos. Salimos a pasear o a comprar leche, y atravesamos una sucesión innumerable de rostros que conocemos de vista, rostros que conforman nuestra cotidianidad y de los que no sabemos nada o muy poco, rostros que un día dejamos de ver pues ya han cruzado para siempre la calle del mañana.
Estoy seguro, segurísimo, que guardas en el cofre de la memoria dos o tres cosas que al principio pasaste por alto y que luego, con el paso del tiempo, descubriste que son capitales en tu vida. ¿Las recuerdas? ¿Quieres compartirlas conmigo? Ahora mismo, a bote pronto, emergen del magma del pasado dos cosas bastante pueriles y que, sin embargo, consiguen hacerme muy feliz al visitarme.
La primera ocurrió hace casi nueve años. Septiembre. Día 10. Inicio de curso (3º de la E.S.O.) en un colegio nuevo. Y allí estabas tú.
Tú.
Antes de la frase “Y allí estabas tú” venía un párrafo larguísimo y pretendidamente lírico donde narraba aquel encuentro. Lo he borrado. En contadas ocasiones las palabras no sirven para nada, sobran, su contenido es tan vacío como el aire de un globo pinchado, no pueden expresar, ni rozar siquiera, la intensidad ni la magnitud del momento: esa mirada fundacional de todo lo que vino después, Y allí estabas tú, esa mirada que es imposible describir, no por la mirada en sí misma, que también, sino por todo lo que supuso, Y allí estabas tú, una especie de Big Bang, de luz primigenia, el Misterio, algo que nadie puede explicar y que sólo podría hacerse mediante la ficción, pero el momento fue tan real, tan perfecto, que no quiero inventarlo, Y allí estabas tú, parece que lo repito tantas veces por miedo a que desaparezca, a que se disuelva en el magma del pasado y no pueda rescatarlo, pero eso es imposible, Y allí estabas tú, tan imposible como intentar describirlo.
La segunda cosa que me ha venido a la cabeza, y que espera impaciente en la yema de los dedos para saltar al cuaderno y tener su momento de gloria, también tiene que ver contigo, aunque esto puedo narrarlo sin ningún problema. Cuatro años después de aquel encuentro, 2º de Bachillerato, tú en Ciencias y yo en Letras, nuestra relación casi extinguida, pasé por delante de un aula, yendo o viniendo del baño, no recuerdo, y dentro del aula estaba un profesor que tuvimos, no te diré quién, no en este momento, déjame que reserve algo para un hipotético café, un profesor que estaba solo y al verme pasar me llamó, estoy haciendo limpieza de fichas, dijo, he encontrado esto, toma, guárdala, y me entregó una foto, una foto de carné que metí en la cartera y que aún sigue ahí, espero, una foto donde tu sonrisa pretende equilibrar la tristeza que chorrean tus ojos, una tristeza que empapaba todo tu cuerpo y que era lo que más me gustaba.
¿Has visto? Quería hablar sobre las cosas tontas que anoto en mi libreta negra y acabo hablando sobre las cosas tontas que anotaste en mí; tu adolescente trazo sobre las hojas de mi piel, registrando con minuciosa exactitud cada detalle que nos defina en un futuro, ese futuro que ya es hoy y que me otorga suficiente valentía para leer en mi cuerpo lo que entonces escribiste.
Se me ocurre ahora, aunque será una simpleza, que el amor correspondido puede ser eso: compartir dos o tres cosas tontas que escapan a los ojos del mundo y que sólo nosotros conocemos su importancia.
Puede ser.
Mientras tanto me tumbo en la cama, miro al techo, y aguardo nervioso a que vuelvas a escribir en mí.
14 comentarios:
Es admirable que siento tan joven escribas tan bien.
Me ha gustado mucho esta actualización, aunque siempre me queda breve.
Un beso.
Muy bueno. Eso sí, veo que al final, la "cittá apperta" (o como se escriba) se ha volatilizado.
Un saludo!
¡Qué placer "leerte"!
Un besazo.
Cierto lo que me dijiste, es una preciosa historia. Me encantó.
Muy bueno ese párrafo que se supone iba después del párrafo "pretendidamente lírico" que eliminaste. Al final quedó tan lírico, o más, que el que pretendías eliminar.
Precioso el texto, de verdad. Tómate muy en serio el comentario del primer anónimo. Un abrazo amigo.
No esta nada mal,pero vamos! viniendo de ti no puede estar mal, el tema es buenisimo,aunque reconozco que en otros temas de menor enganche lo has hecho mas palcentero,pero gusta y seguro que la proxima vez que lo lea aun engancha más.
Te entiendo perfectamente, y tu lo sabes.
hay una cosa clara, y es que del trigo sale la harina y de la harina la flor.De ti lo leemos tus seguidores lo que sale...1 fuerte abrazo amigo
No esta nada mal,pero vamos! viniendo de ti no puede estar mal, el tema es buenisimo,aunque reconozco que en otros temas de menor enganche lo has hecho mas palcentero,pero gusta y seguro que la proxima vez que lo lea aun engancha más.
Te entiendo perfectamente, y tu lo sabes.
hay una cosa clara, y es que del trigo sale la harina y de la harina la flor.De ti lo leemos tus seguidores lo que sale...1 fuerte abrazo amigo
Como siempre Loren, fantástico!
El día que alguien sienta por mi algo parecido...
Querido Lorenzo:
si fuera verdad eso de que las mujeres buscan hombres sensibles, tú tendrías una cola de chavalas esperando por tus huesos.
Siempre nos quedará la cerveza, Sabina y las libretas para escribir cosas tan lúcidas como esta entrada de hoy.
Un abrazo
Pues muchas gracias. Escribir bien no es tan difícil, lo verdaderamente complicado es saber narrar. Eso muy pocos saben.
La "cittá apperta" la dejaré para otra ocasión. El siguiente supongo que será sobre la cena de este viernes, aunque no sé, según las cosas que nos pongas, jeje.
¡Qué placer que estés ahí! Un beso, Pi.
Todo lo que cuento es rigurosamente real, Txetxu. Un abrazo.
Un abrazo doble, paisano Joaquín.
No te quejes, La nena, que tienes un morro... Un besazo.
Querido Rubén: las buenas personas siempre dormimos en camas vacías. No lo olvides. Otro para ti.
Caminar en círculos es lo que nos condena y nos salva.
Una entrada muy bella.
Un abrazo!
¡Enhorabuena! Un texto muy sentido.
Un abrazo.
Tal y como decía Moustache en "Irma la dulce" but that's another story... (Pero esa es otra historia...).
Nos vemos el viernes, estoy deseando que vuelvas a acabar mis frases.
Un beso... ¿Cómo era? ¿Cálido? Como quieras.
Querido Lorenzo,
Sabes que soy un fan tuyo... jeje...y te propongo algo: escribe en tu libreta aquello de "eres un muñeco de plastilina", a ver si algún día te inspira un sugerente relato... Me encantaria leerlo!! Espero no pedir demasiado.
Un beso.
L.
Gracias, Gonzi. Otro para ti.
El lector, me alegro mucho que le haya gustado. Nos vemos.
Yo estoy deseando de acabar tus frases (veo que reconoces que adivino lo que piensas, ¿eh?) y de acabar con esa tarta de tres chocolates que me quita el sueño día y noche, jeje. Un besazo como tú prefieras.
Pues me apetece mucho hacerlo, Lola, me trae muy buenos recuerdos aquella frase. Sigo siendo un muñeco de plastilina, qué le vamos a hacer, pero he sabido encontrarle cierta utilidad. Un besazo que llegue hasta el sur.
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